KASPAROV PATEÓ EL TABLERO, CONFIRMÓ SU REGRESO Y EL AJEDREZ FESTEJA A LO GRANDE

Cada movida que jugó sobre un tablero sacudió el escenario del ajedrez mundial durante dos décadas. Cada palabra contra Vladimir Putin visibiliza un férreo temperamento con convicciones. Cada conferencia magistral sobre inteligencia artificial atrapa a multitudes. Garry Kasparov es un ícono viviente. Por eso ya comienza a sentirse la adrenalina por la confirmación oficial de que saldrá de su retiro después de 12 años y volverá a jugar un torneo torneo oficial, en el que cada ajedrecista pone en juego su ranking mundial en partidas rápidas.

“Parece que subiré el promedio de edad y bajaré el promedio de ranking en el torneo”, comentó en su muy activa cuenta de Twitter quien acaparara el cetro mundial en 1985 y liderara el ranking mundial hasta 2005. Será una auténtica prueba para Kasparov, un gran maestro que hizo estragos contra sus rivales por su estilo agresivo y por un temperamento avasallante.

Del lunes 14 al viernes 18 de agosto, Kasparov competirá contra nueve fuertes grandes maestros en el torneo de partidas rápidas (25 minutos por jugador) y blitz (5 minutos) de St. Louis, sede por antonomasia del ajedrez estadounidense. Frente al ex campeón mundial estarán rivales de la talla de Fabiano Caruana, Sergey Karjakin, Hikaru Nakamura, Viswanathan Anand y Levon Aronian.

Si bien en abril de 2016 había jugado un torneo blitz por exhibición luego del campeonato de Estados Unidos, Kasparov arriesgará ahora su prestigio en un torneo oficial. Una muestra clara de que no tiene miedo a lo que suceda, más allá del rédito económico de un torneo que repartirá 150.000 dólares en premios.

“Es emocionante regresar oficialmente al juego y ciertamente no es algo que hubiera anticipado más de una década después de mi retiro. Es un honor volver al tablero justo en Saint Louis”, señaló.

Kasparov nació el 13 de abril de 1963 en Bakú, perdió a su padre a los siete años y a los 10 comenzó a entrenarse en el ajedrez. En 1980 se consagró campeón mundial juvenil en Dortmund, jugó en Malta la primera de sus 8 Olimpíadas (50 victorias, 29 tablas y apenas 3 derrotas) y se convirtió en gran maestro. Y en enero de 1984, con 20 años, se transformó en el número uno del ranking mundial más joven de la historia, logro que más adelante tendrían Vladimir Kramnik y Magnus Carlsen.

Sus cinco duelos con Anatoly Karpov marcaron a fuego la historia del ajedrez mundial y todos fueron muy reñidos. En 1984, cuando perdía 5-3, el match se suspendió luego de 48 partidas por decisión de Florencio Campomanes, ex presidente de la FIDE. Fue en Moscú 1985 cuando destronó a Karpov al vencerlo por 13-11. Las tres defensas serían exitosas pero dramáticas por 12,5-11,5 (1986), 12-12 (1987) y 12,5-11,5 (1990).

Difusor del ajedrez por el planeta, vino a la Argentina para enfrentarse con los equipos olímpicos en 1992 y en 1997. Hace 25 años, les ganó 4-2 y 5-1 a Pablo Ricardi, Hugo Spangenberg, Oscar Panno, Claudia Amura, Jorge Rubinetti y Pablo Zarnicki. Cinco años después, la victoria fue por 4,5-1,5 y 4-2 ante una formación que contó con Ariel Sorín y Gustavo Germán en lugar de Amura y Rubinetti.

Todo lo que tocó fue histórico, como los duelos contra Deep Blue, la “super computadora” de IBM a la que le ganó en 1996 pero contra la que perdió, para dolor de su ego, en 1997. Llegó a los 2.851 puntos de ELO, el sistema de medición del ranking. Carlsen lo superó en 2013. Y luego de escindirse de la FIDE en 1993 y ganarle a Nigel Short y a Anand, perdió el título en 2000 ante Kramnik.

“Estoy listo para ver si recuerdo cómo se mueven las piezas. Si no lo logro, ¿estaré dispuesto a anunciar mi “re-retiro” después del torneo”?, se preguntó con humor al confirmar su regreso. Pase lo que pase en agosto, el ajedrez mundial vivirá días de conmoción. Garry Kasparov, la leyenda, vuelve a jugar. A prepararse...

Garry Kasparov es un ferviente crítico de Vladimir Putin, lo que le valió hasta pasar unos días en la cárcel tras ser detenido en manifestaciones contra el presidente ruso. “Fomenta un culto al odio”, ha dicho sobre el líder de ese país. Afincado en Nueva York y habitual conferencista sobre la inteligencia artificial, Kasparov también le da duro a Donald Trump, quien ayer se reunió con Putin: “Ambos tienen en común que sólo se preocupan por ellos y no por los intereses nacionales. Y Putin le puede mostrar a su banda que aún es el gran jefe”.

Garry Kasparov, durante una protesta contra el gobierno de Vladimir Putin en 2008. (AP Photo / Misha Japaridze)

 

Por Pablo Zarnicki

Campeón mundial juvenil en 1992

Es lógico que se produzca un revuelo con la noticia del regreso de Garry Kasparov a jugar un torneo oficial de partidas rápidas y blitz porque él cambió al ajedrez. Todas las miradas estarán clavadas en él cuando juegue porque es un auténtico showman. Siempre fue como el típico boxeador provocador en la previa, pero que después les ganaba a todos. Nos encantaba verlo jugar porque se la pasaba haciendo gestos. Siempre dio espectáculo y lo logró sin desconcentrarse, lo que es más meritorio. Sus fanáticos dirán que hasta podrá seguir ganando ahora, pero será difícil. Aunque seguro hará un muy buen papel.

Los duelos entre Karpov y Kasparov marcaron una época. Cuando jugaban, como los que primero recibían las jugadas eran los diarios, a través del télex, yo llamaba cada media hora a Clarín para saber qué movidas habían hecho. Viví esos enfrentamientos muy de cerca y, a contramano de los de mi generación, que estaban con Kasparov, yo hinchaba por Karpov por su estilo posicional. Claro que Garry era demoledor por su carisma, su agresividad para jugar, su juventud y práctica de un ajedrez más “lindo” para ver.

Kasparov en un duelo de simultáneas ante el equipo olímpico argentino: Pablo Ricardi, Hugo Spangenberg (semitapado), Pablo Zarnicki, Oscar Panno y Ariel Sorín.

Como hoy pasa con Magnus Carlsen, los cinco que seguían en el ranking a Kasparov jugaban peor contra él porque se sentían intimidados por su potencia y por su estilo. El peruano Julio Granda reconoció que no lo podía mirar a los ojos, porque le clavaba la mirada y él bajaba la vista.

La irrupción de Kasparov fue muy importante. En el primer match con Karpov, cuando perdía 5-0 dio a entender que ese sistema de partidas eternas no servía y tuvo la sangre fría de no jugar a ganar y sí a entablar. Se recuperó en algunas partidas y el duelo se suspendió. Las revanchas fueron inolvidables y en Sevilla hizo historia al ganar la última partida bajo presión y retener el título porque el duelo finalizó igualado y él tenía ese derecho por ser el campeón.

Kasparov también cambió al ajedrez hacia afuera, porque abrió el juego a todos, no se encerró y comenzó a viajar por los países como ahora hace Carlsen. Por eso vino tantas veces a la Argentina.

En la mitad del Mundial Juvenil que gané en 1992 en Buenos Aires, en el Club Argentino se jugó un torneo “ping-pong” a 5 minutos y yo le gané, pero él se llevó el título con 10 puntos sobre 11. Recuerdo que el “Viejo” Najdorf se enojó conmigo porque jugué hasta las 7 en pleno Mundial. Y yo le expliqué que lo hice porque no pensaba que jugaría de nuevo contra él.

El ajedrez nos puso frente a frente en los dos duelos de simultáneas que lo enfrentó con nuestros equipos olímpicos en 1992 y en 1997. En ambas ocasiones perdí una partida y entablé la restante. Recuerdo un ambiente lindo y a Kasparov caminando todo tiempo y comiendo bananas y chocolates. Un showman.

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